¿Cambio?

Anoche no pude pegar ojo. Nunca pensé que diría esto pero hay lugares en los que es imposible ir a la playa. Hong Kong es uno de ellos. Detrás de la línea amarilla que delimita el espacio donde puedes plantar tu necesaria sombrilla alquilada, no corre ni pizca de aire. La gente se amontona buscando un hueco de arena hirviente y los altavoces resuenan con canciones chinas o japonesas que, junto con el murmullo de fondo de tantísimas personas, acaban con la tranquilidad supuesta de un buen día de playa. El agua está llena de basura, literalmente: bolsas de plástico, vasos, envoltorios, palos que ha arrastrado la marea… No puedo ver mis pies, ni siquiera mis manos bajo el agua de Shek O beach. Así que la opción que nos quedó fue una ducha helada y volver a casa, después de la visita oportuna y rápida –por pequeña y abarrotada- a la exposición de Joan Cornellà en North Point.

El calor me golpeó tan fuerte que anoche apenas pude pegar ojo unas cuantas horas. A esto se sumó la incertidumbre de no saber si, por fin, las cosas iban a dejar de ir a la deriva en España y alguien tomaría la iniciativa de eso con lo que muchos se llenan la boca “el cambio“. Lo dicen todos. No importa qué ideología –o ideologías, visto lo visto– traigan bajo el brazo.

A mis cinco de la mañana el escrutinio de los votos era ya de un 96 por cierto y todo estaba dicho. Ni cambio, ni sorpresas. Una nueva –y más grande– decepción. Otra más, por si fuera poco todo lo que ha venido pasando los últimos meses. El miedo ha vencido, como era de esperar –incluso diría que es lógico– y la derecha ha mejorado su resultado, venciendo a una izquierda fragmentada, enfrentada, agresiva, inestable y veleta. El voto más conservador se ha mantenido, ha recuperado a algunos que se habían dejado llevar por la “frescura” naranja y ha sabido aprovechar las peleas de gallos de los últimos meses entre rosas y violetas, que ahora, a toro pasado, en lugar de centrarse en el verdadero problema, se echan las culpas los unos a los otros de manera lamentable. ¿Quién esperaba otra cosa, viendo contradicciones y cambios de opinión constantemente?

Lo peor de todo esto es que quienes han “vencido” llevan engañando y saqueando el país desde tiempos inmemoriales. Durante los últimos años hemos visto sospechas, casos de corrupción, mensajes de apoyo de unos a otros, juicios, paseillos a la cárcel de muchos de estos dirigentes… Y ayer consiguieron mejorar sus resultados con respecto a las elecciones anteriores.

Cada vez tengo más claras varias cosas:

Quienes estamos en el exilio, como M. en Mánchester dejándose la piel cada día, o M. en Alemania hasta hace poco, G. aquí, en Hong Kong, P. en India, O. en Estados Unidos., A. en Francia, N., R. y H. en Londres… y quienes están pensando en irse, seguiremos la misma senda unos cuantos años más. Arañando días de vacaciones para poder ver a los nuestros un suspiro.

O invertimos en educación en nuestro país, o nos preocupamos por ella un poco más, o los resultados seguirán siendo los mismos: los de la ignorancia y el miedo. Acaba de pasar en Gran Bretaña. Hoy ha sido España y pronto –esperemos que no–, EEUU. ¿A dónde vamos a llegar?

Seguiremos observando desde lejos, en el desánimo.

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